5.pngCINCO MANERAS DE ALENTAR A TU PASTOR (SIN ENSALZARLO)
Gavin Ortlund

Muchos han lamentado el problema de la «cultura de las celebridades» que hay en las iglesias. Normalmente esa frase trae a nuestras mentes pastores y líderes famosos de la iglesia hoy. Sin embargo, la «cultura de las celebridades» puede ser igualmente un desafío para los ministerios locales, que no son famosos (y algunos de sus efectos más insidiosos surgen ahí). 

Los peligros de la «cultura de las celebridades» acechan cada vez que los pastores quedan aislados de los procesos mutuos y normales de la rendición de cuentas y del aliento del cuerpo de Cristo; en cualquier momento cuando el liderazgo se caracteriza por la autoridad de Hebreos 13:17 sin la rendición de cuentas de Hebreos 3:13:

  • Autoridad: «obedezcan a sus pastores y sujétense a ellos, porque ellos velan por sus almas…» (Heb 13:17). 

  • Rendición de cuentas: «exhórtense los unos a los otros cada día, mientras todavía se dice: "Hoy;" no sea que alguno de ustedes sea endurecido por el engaño del pecado» (Heb 3:13).

¿Cómo alentamos la dinámica de Hebreos 3 y Hebreos 13 en las culturas de nuestras iglesias? En otras palabras, ¿cómo afirmamos a nuestros pastores en su liderazgo sobre nosotros sin ensalzarlos a una categoría separada de sus ovejas? 

Como pastor más joven, estoy buscando crecer en mi liderazgo sin separarme de la dinámica de Hebreos 3:13 de confesar mi pecado, de buscar consejo o de dejar que algunos santos mayores me ayuden cuando mis hijos están aterrorizando el almuerzo comunitario. Comparto estos pensamientos (parciales) con la esperanza de que nos ayuden a honrar la autoridad pastoral mientras recordamos que la mayor autoridad está reservada solo para Cristo, quien dijo, «pero ustedes no dejen que los llamen Rabí; porque uno es su Maestro y todos ustedes son hermanos» (Mt 23:8).

1) Haz que tu retroalimentación del sermón sea específica y dirigida por Dios

«Pastor, ¡eres un predicador increíble!». Estas palabras son bien intencionadas, pero fácilmente pueden llevar al pastor al envanecimiento en lugar de a la edificación.

La próxima vez que animes a tu pastor, sé específico, no general, y dirige la atención a lo que Dios hizo por medio de él: «Dios me enseñó/bendijo por medio de tu sermón al…». Asimismo, podrías considerar lo siguiente:

  • Anímalo después de escuchar sermones mediocres, no solo por los que logra con éxito. Probablemente, él necesita más ánimo después de los sermones mediocres y esto refuerza que es Dios quien habla por medio de él y que hace que su trabajo sea fructífero.

  • Considera escribir tus palabras de ánimo en una nota o por correo. Esto te ayuda a desglosar tus pensamientos con más detalle y podría ser más significativo y memorable para tu pastor.

  • Anima a todo aquel que predique en tu iglesia, incluso a los predicadores invitados y a los otros miembros o ancianos que predican. Esto refuerza que la Palabra de Dios es central y que el instrumento humano es secundario (algo que a menudo se pierde cuando la «cultura de las celebridades» toma el control). 

De una u otra manera, anima a tu pastor cuando predique. Esto no solo va a ayudarlo, sino que también tú podrías sacar mucho más de los sermones como resultado.

2) Anímalo a liderar a su familia

Normalmente, los pastores también son esposos y padres y esos roles deben ser más importantes en sus vidas que el de pastor. Creo que la «cultura de las celebridades» casi siempre va de la mano con la idolatrización del ministerio y el descuido de nuestro hogar. Por lo tanto, anima a tu pastor a liderar su familia y cuida a su familia como lo cuidas a él. 

Una de las mejores maneras en las que puedes cuidar a tu pastor es al cuidar a sus hijos. Ser hijo de pastor es difícil. A la mayoría de los pastores les preocupa esto de sus hijos. Estas son tres maneras en las que podrías ayudar:

  1. No tengas estándares diferentes para los hijos del pastor. No esperes que sean más espirituales o más entendidos que cualquier otra persona. Eso los hará más propensos a rebelarse contra la iglesia.

  2. Respeta su privacidad. Muchos hijos de pastor son bastante visibles dentro de la iglesia, y si es que son tímidos esto puede ser difícil. Muestra interés en ellos, pero no te entrometas en su vida ni lo presiones para que se involucren completamente en la iglesia.

  3. Ora por ellos. Una de las preguntas más maravillosas que puedes hacerle a tu pastor es, «¿cómo puedo orar por ti y por tu familia?». Él apreciará la parte de la oración que dice «y por tu familia».

3) Dale el permiso emocional y económico para ir a conferencias y para tomar vacaciones normales

Hay algo saludable en salir de la ciudad. Sin embargo, muchos pastores se sienten encerrados, como si nunca pudieran dejar de asistir un domingo. Una vez más, creo que la «cultura de las celebridades» florece cuando existe un descuido del principio del Día de Reposo y un fracaso en encontrar identidad y gozo por medio de amistades, pasatiempos y otras cosas fuera de los muros de la iglesia.

Darle tiempo de vacaciones a tu pastor le ayudará a permanecer cerca de su familia y animarlo a ir a conferencias lo ayudará a refrescarse, a seguir aprendiendo y a conservar amistades. Más allá de eso, es saludable tanto para la iglesia como para el pastor ver que todo puede continuar sin él. Solo una persona es indispensable para la iglesia, y él dijo, «yo estoy con ustedes todos los días» (Mt 28:20). 

Anima a tu pastor a descansar, a salir, a dedicarse a cosas diferentes al ministerio de vez en cuando (y dale el tiempo y el dinero para hacerlo). Probablemente, le ayude a mantener Hebreos 3 y Hebreos 13 juntos.

4) No seas pasivo respecto a los lobos o a los problemas graves de pecado en la iglesia

Una de las cosas más desanimantes y solitarias para un pastor es cuando se pone firme frente a un problema difícil (digamos, la disciplina de la iglesia contra un miembro antiguo) y todos sus amigos lo abandonan. Cuando eso sucede, el pastor normalmente se siente herido y traicionado, y es más propenso a retirarse de la vulnerabilidad y de la rendición de cuentas entre el rebaño. 

Si tu pastor se agita por una causa justa, no lo hagas preguntarse si cuenta contigo. Apóyalo; alivia parte de la presión que hay sobre él. Defiéndelo verbalmente cuando escuches rumores y públicamente en las reuniones de la iglesia si es necesario. Hebreos 13 puede ser un lugar solitario y si él tiene que estar parado ahí solo, podría no volver jamás a la tierra de Hebreos 3. 

5) Ratifica su piedad más que sus dones

La «cultura de las celebridades» se desarrolla cuando confundimos la habilidad ministerial de nuestro pastor con su santificación o cuando valoramos dones impresionantes más que el carácter piadoso. Sin embargo, aún el que tiene más dones entre nosotros está incluido dentro de «exhórtense los unos a los otros», porque nadie está libre de ser «endurecido por el engaño del pecado».

Mientras mayor sea el don o la autoridad de un pastor, es probable que sea más tentador poner esas cosas por sobre la rendición de cuentas y la exhortación. Al mismo tiempo, mientras mayor sea su don, más importante se vuelve la rendición de cuentas, porque los riesgos son mucho mayores. Es mejor hacerle frente a un líder fuerte y ser echado o calumniado por él que ser cómplice en una cultura que al final separa a Hebreos 13 de Hebreos 3 y por consiguiente daña a toda la iglesia. 

Nosotros, los pastores, debemos esforzarnos por ver la piedad personal como una montaña más grande a escalar que la admiración del ministerio, más valiosa que nuestras ambiciones más profundas. En la iglesia, podemos ayudar a nuestros pastores con esto al afirmar su piedad más que su influencia. No valores a tu pastor por su perfil en las redes sociales o por su capacidad de manejar un público más que su vida de oración y su amor por su familia. 

A la «cultura de las celebridades» se le acabarán las provisiones cuando ya no haya demanda. Pongamos solo a Cristo en el lugar de autoridad y centralidad intachable en nuestros corazones y afectos. Nuestras culturas de liderazgo pronto se unirán.

Gavin Ortlund © 2015 Desiring God. Publicado originalmente en esta dirección. Usado con permiso. | Traducción: María José Ojeda
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Gavin Ortlund es un investigador adjunto en Carl F. H. Henry Center for Theological Understanding en Trinity Evangelical Divinity School en Deerfield, Illinois. Regularmente escribe en Soliloquium.

   

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