Esta serie de 6 artículos busca mostrar en forma sencilla cuál es el rol de la actividad económica en la vida que vivimos delante de Dios. También pretende mostrar cómo debemos entenderla para hacer un buen uso de ella y evitar los abusos que se cometen en el mundo.

 

4-g.jpg4. LA TEORÍA DEL VALOR

Porque donde esté el tesoro de ustedes, allí también estará su corazón. (Lucas 12:34) 

Previo al uso de monedas, las personas recurrían al trueque para obtener los bienes que necesitaban. Si una fabricaba zapatos y otra criaba pollos, se podía cambiar un par de zapatos por un cierto número de pollos y viceversa. En este caso, es claro que ambas partes sacaban provecho del intercambio: el zapatero hambriento obtenía comida y el granjero de pies fríos recibía zapatos.

Hoy usamos dinero para facilitar el comercio, y pocas veces pensamos que el comprador saca provecho de una transacción económica. Claramente, el vendedor de zapatos saca provecho si me vende en diez dólares un par de zapatos cuya fabricación le costó cinco. Sin embargo, yo también saco provecho. El valor que doy a los zapatos es más alto que el que doy a conservar diez dólares en mi bolsillo. Y en realidad, el valor que doy a los zapatos puede ser incluso más alto (digamos, por ejemplo, quince), de modo que, a diez dólares, para mí son una ganga. Si el vendedor cobra dieciséis, yo no compro los zapatos puesto que no saco provecho si el valor que les doy es más bajo que el precio que él me cobra.

Todo esto ilustra la subjetiva teoría del valor, que reconoce que el precio que estoy dispuesto a pagar por un bien o servicio específico es diferente al precio que otros están dispuestos a pagar por el mismo bien o servicio. En un mercado libre de coacción donde se honran los contratos, las personas gozan de un comercio justo si pueden comprar un bien a un precio igual o inferior al que piensan que vale. Tomás de Aquino observa que todo este comercio e intercambio de nuestros talentos y bienes satisface las necesidades de otros y cumple uno de los propósitos que Dios nos asignó.

La subjetiva teoría del valor es una realidad económica en el nivel humano, pero desde la perspectiva de Dios, debemos valorarlo a Él por sobre todo (Éx 20:3). Por lo tanto, debemos estimar su gloria y la extensión de su reino más que cualquier otra cosa (Is 48:11). Sin embargo, el valor subjetivo puede jugar un rol aquí también. Por ejemplo, el valor que doy al ministerio persona-a-persona puede ser tan alto que renuncio a la riqueza monetaria y me convierto en misionero a tiempo completo. Otra persona puede conferir un enorme valor a dar grandes sumas de dinero para muchos programas de ayuda, y en consecuencia, buscará una profesión muy bien pagada. En ambos casos se aman los objetivos de Dios por sobre todo, pero el valor que se asigna a los medios para alcanzar estos objetivos difiere.

DE CARA A DIOS

Nuestro trabajo y nuestras compras sirven para satisfacer las necesidades de otras personas. Cada vez que compramos algo, hacemos necesario el trabajo de alguien en algún lugar. Sin embargo, cada compra que hacemos involucra también decidir qué cosas no comprar, puesto que una suma gastada en una cosa no puede ser usada para otra. Nuestros tesoros, como lo enseña el pasaje de hoy, verdaderamente indican dónde están nuestras más altas prioridades. ¿Dónde está tu corazón, según tu estado de cuenta bancaria?

 

Para continuar estudiando: Sal 19:711 Pr 10:16 Mr 10:1731 Hch 19:1120

 

(Este es el cuarto de 6 artículos sobre el tema de la economía bíblica)
Texto original: http://www.ligonier.org/learn/devotionals/theory-value/
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