¿QUÉ CREEMOS?

En esta sección encontrarás un resumen de las principales verdades que sostenemos como organización.


 

Dios
Creemos en un solo Dios, eterno y trino: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Siendo el Creador de todo lo visible y lo invisible, es también quien sustenta y gobierna todo por medio de su Palabra. Él dirige las cosas con un propósito que es restaurar la creación caída, llevarla a su máxima realización y reunir para sí mismo un pueblo que le dé la gloria debida.


La Biblia
Creemos que Dios, por su gracia, se ha revelado al hombre. Ha revelado su existencia y poder en el orden creado, y se ha revelado en la persona de su Hijo, la Palabra encarnada.

Dios es un Dios que habla, y que, por medio de su Espíritu, se ha revelado en palabras humanas. Creemos que los 66 libros del Antiguo y el Nuevo Testamento forman un solo gran libro. Esta es la única Palabra verbalmente inspirada por Dios, completamente autoritativa, sin error en los originales, y completa y suficiente para todo lo que debemos creer y hacer. Creemos que hoy el Espíritu Santo nos habla por medio de ella, y se dirige a toda la humanidad.


La condición caída del hombre — El plan de Dios
Creemos que Dios creó a los seres humanos, hombre y mujer, a su propia imagen. Ambos fueron creados buenos y con el propósito de cuidar, administrar y gobernar la creación gozando de comunión con el Creador.

Creemos que, al caer en pecado, el ser humano distorsionó la imagen de Dios en él, se corrompió por completo en cada aspecto de su ser y perdió su estado de bendición arrastrando consigo a toda su descendencia. Actualmente nace bajo la ira divina, de la cual sólo puede ser libre si Dios interviene por gracia.

Creemos que, desde la eternidad y para alabanza de su gloriosa gracia, Dios determinó salvar a una gran multitud de pecadores a los cuales eligió de entre todas las razas. Creemos que, en un momento definido por Él, Él los llama, los justifica y los santifica con la intención de glorificarlos en el día final.


El evangelio
Creemos que el evangelio es la buena noticia de Jesucristo y asimismo el medio a través del cual Dios salva a los pecadores conforme a su plan. El evangelio se centra en que Jesucristo el justo fue crucificado y resucitado conforme a las Escrituras.

Sostenemos, igualmente, que la muerte y la resurrección de Cristo constituyen un acontecimiento histórico capaz de producir efectos en las personas (quienes creen y sostienen esto, se salvan).


La redención efectuada por Cristo
Creemos que Cristo, el Hijo eterno del Padre, se encarnó gracias a la acción del Espíritu Santo y nació de María virgen como una persona con dos naturalezas (completamente Dios y completamente hombre, las cuales aún conserva).

Vivió una vida de perfecta obediencia al Padre, fue crucificado por Poncio Pilato y resucitó de entre los muertos al tercer día. Subió al cielo en donde actualmente reina, es nuestro sumo sacerdote y abogado y desde donde vendrá para juzgar a los vivos y a los muertos.

Actuando como nuestro representante y sustituto, en la cruz canceló el pecado, propició a Dios y reconcilió con Él a todos los que creen. En la resurrección fue vindicado, venció el poder de la muerte y trajo vida eterna para todo su pueblo. Por su ascensión Él ha sido exaltado por siempre como Señor y nos ha preparado un lugar para estar con Él.


La justificación de los pecadores
Creemos que Cristo satisfizo completamente la justicia de Dios en nuestro lugar. Su vida de perfecta obediencia cumplió en nuestro favor las demandas justas de Dios, y al sacrificarse, cargó con el castigo que merecían nuestros pecados. Dios acredita esta obra a todos los que buscamos su aceptación confiando en Cristo. Esta justificación es completamente gratuita porque el Padre entregó a su Hijo y quiso aceptar su obediencia y castigo en lugar de nosotros.


El poder del Espíritu Santo
Creemos que el Espíritu Santo aplica la salvación a quienes integran el pueblo de Dios. El Espíritu tiene el propósito de glorificar a Cristo, y siendo nuestra nueva Ayuda, está presente con y en los creyentes. Él convence a los pecadores sacándolos de la muerte espiritual al concederles arrepentimiento y fe. Les une con Jesucristo, y gracias a su obra, los creyentes son santificados, adoptados en la familia de Dios, y participan de la naturaleza divina recibiendo los dones que Él distribuye soberanamente. El Espíritu es la garantía de la herencia prometida, y actualmente habita, instruye y equipa a los creyentes para vivir y servir a la semejanza de Cristo.


El reino de Dios
Creemos que el reino de Dios (el ejercicio de su soberanía con miras a la redención de todo lo creado) ya se encuentra entre nosotros aunque no completamente realizado aún. Su presencia se manifiesta como un poder que está invadiendo nuestro mundo y rescatando individuos del reino de oscuridad de Satanás. El resultado de esto es la conformación de una nueva comunidad humana sometida a Dios.

Aquellos que, habiendo nacido de nuevo, hemos entrado en el reino de Dios, podemos gozar hoy mismo de las bendiciones del nuevo pacto: el perdón de nuestros pecados, nuestra renovación interna (para confiar, obedecer y glorificar a Dios) y la esperanza de la gloria que aún ha de manifestarse.


El nuevo pueblo de Dios
Así como el evangelio tiene efectos personales, tiene también una dimensión corporativa. Hoy, todos aquellos que han creído en Cristo (independientemente de su nacionalidad) conforman su cuerpo y, con Él, están sentados en los lugares celestiales. La iglesia es la morada del Espíritu de Dios. Sin embargo, este cuerpo de Cristo tiene una manifestación terrenal que corresponde a las iglesias locales. La iglesia no es primordialmente una institución sino la comunidad del pueblo de Dios. Creemos que es una comunidad misionera que hace avanzar el plan de Dios a través de la difusión del evangelio. La iglesia no sólo debe promover la justicia con palabras sino modelarla.


La tarea de la evangelización
Evangelizar es anunciar la buena noticia de que Jesús murió por nuestros pecados y resucitó conforme a las Escrituras. Existen diversas formas de hacerlo, pero hay un solo Evangelio y un único Salvador. Negamos que Cristo pueda ser hallado a través de todas las creencias. Rechazamos que Él, por ser el Salvador del mundo, salve automáticamente a toda la humanidad sin que los individuos, en fe, se arrepientan personalmente y lo reconozcan como Señor. Evangelizamos para que la gente obedezca a Cristo, sea incorporada a su cuerpo (la iglesia) y refleje la imagen de Dios sirviendo en el mundo.


El conflicto espiritual
Creemos que, mientras llevamos a cabo el encargo de Cristo en espera de su regreso glorioso, la iglesia está en una batalla espiritual contra fuerzas espirituales que intentan frustrar la evangelización mundial. Cristo ya ha asegurado el triunfo, pero nuestro deber es evitar asimilarnos al mundo y hacer valer la victoria dando lugar a la acción imbatible del evangelio.


La segunda venida de Cristo y la restauración de todas las cosas
Creemos que Cristo vendrá una vez más en forma personal y visible, pero esta vez con gloria y poder para consumar la salvación y dar lugar al juicio. Evangelizamos con miras a eso y no nos detendremos hasta que regrese. Creemos, sin embargo, que sólo Él completará la tarea, y por lo tanto, descartamos que sea posible establecer un paraíso terrenal sin Él. Cuando Cristo regrese, la creación actual dará paso a los «cielos nuevos y la tierra nueva, en los cuales mora la justicia». Creemos en la resurrección corporal de los justos y los injustos, la bendición eterna de los salvados y el castigo eterno de los impíos.